HEPATITIS A: Una enfermedad (ahora) prevenible por vacuna
Por el Dr. Alejandro Lepetic
En nuestro país, la hepatitis A es una de las más frecuentes. Se estima que ocurren entre 40 y 100 casos por cada 100.000 habitantes, y es la primera causa de transplante de hígado en los niños.
El virus de la hepatitis A se encuentra distribuido en todo el mundo. Las zonas más afectadas se caracterizan por tener bajo nivel sanitario, carecer de red cloacal y de agua potable.
La población tiene contacto con el virus a edades muy tempranas. Por este motivo, la mayoría de los niños no presentan los signos y síntomas de la enfermedad y desarrollan anticuerpos que les confieren protección por el resto de sus vidas.
Por el contrario, en las zonas con un alto nivel sanitario, la población prácticamente no tiene contacto con el virus y, en consecuencia, aun en la edad adulta, la mayor parte de las personas permanecen susceptibles de contraer la infección.
Por este motivo, en estas áreas, la hepatitis A ocurre con más frecuencia en adolescentes y adultos.
Cabe destacar que cuanto mayor es la edad al contraer la infección, mayor es la severidad de la hepatitis. Cuando el virus, por algún motivo, se introduce en estas comunidades, suelen ocurrir epidemias.
¿Cómo se transmite?
El virus de la hepatitis A se adquiere a través de la ingestión de agua o alimentos contaminados con materia fecal de una persona infectada. Las manos contaminadas pueden ser el vehículo para la contaminación subsecuente de los alimentos; sin embargo, el origen o fuente de contagio no siempre puede ser identificado.
En una cuarta parte de los casos, el contagio se produce a partir del contacto con una persona enferma, en tanto que el trabajar en guarderías o convivir con niños pequeños, menores de 5 años, son las causas del contagio para otro 25% de los casos. Otras causas menos frecuentes son la adicción a drogas, la homosexualidad, los viajes a zonas endémicas y las epidemias.
El virus puede sobrevivir durante semanas sobre objetos o superficies contaminadas. Por ello, es muy importante la desinfección del ambiente, para lo cual es útil el uso de hipoclorito de sodio (lavandina).
Las personas con hepatitis A contagian desde una a tres semanas antes de presentar los síntomas y hasta una semana después.
El momento de mayor contagio es el que precede a los síntomas, porque durante este período la eliminación del virus por la materia fecal es también mayor.
¿Cuáles son sus síntomas?
Después de ingresar en el organismo y tras un período de incubación que oscila entre los 15 y los 50 días, el virus produce la inflamación del hígado y se declara la hepatitis. El desarrollo de los síntomas está estrechamente relacionado con la edad: los niños pequeños en edad preescolar suelen no presentar síntomas; en cambio, lo hacen casi el 80% de los adultos.
Los signos clásicos de la enfermedad son la coloración amarilla de la piel y de las conjuntivas (ictericia), la presencia de orinas color té cargado (coluria) y la presencia de heces de color claro. Los síntomas más frecuentes son decaimiento, dolor de cabeza, dolor en la parte superior derecha del abdomen, náuseas, fiebre, pérdida del apetito y, en ocasiones, vómitos y diarrea.
¿Cuáles son las complicaciones más importantes de la hepatitis A?
La hepatitis A es considerada por la gente como la hepatitis buena debido a que, a diferencia de las hepatitis B y C, no produce daño crónico en el hígado (hepatitis crónica, cirrosis y cáncer hepático). Sin embargo, no debemos olvidar que la hepatitis A también puede tener algunas complicaciones:
La hepatitis A puede ser una enfermedad fatal. Esto ocurre con poca frecuencia (menos de un caso por cada mil), pero este porcentaje aumenta con la edad y llega al 3% en los mayores de 50 años.
Se calcula que el promedio de días laborales o de estudio perdidos por una hepatitis A es de 27. Todas estas son fuertes razones que nos conducen a pensar en la prevención de la enfermedad.
¿Quiénes tienen mayor riesgo de contagiarse?
¿Puede prevenirse la hepatitis A?
Como los lugares cerrados favorecen la transmisión del virus, es conveniente ventilar bien las aulas (durante los recreos y al final de la jornada). Los chicos y los maestros deben concurrir suficientemente abrigados en épocas de frío y alimentarse adecuadamente. Aunque es muy común el empleo de vitamina C, no está comprobado que su uso prevenga la aparición de la gripe. Como con otras enfermedades virales, los antibióticos no tienen utilidad y deben reservarse para casos en que se produzcan complicaciones (neumonía).
Clásicamente, los médicos la aplicaban a aquellas personas que mantenían un contacto estrecho con un caso de hepatitis A y a los viajeros a zonas de riesgo.
En los últimos años, se desarrollaron vacunas a partir de virus inactivados o muertos. Todas las vacunas hoy disponibles han demostrado ser seguras y efectivas para la prevención de la infección.
La vacuna brinda protección al 100% de los vacunados y puede ser administrada a niños, adolescentes y adultos, con variación del el esquema de inmunización según la edad y la marca de vacuna utilizada.
Las vacunas contra la hepatitis A son bien toleradas y los efectos secundarios se limitan a las molestias en el sitio de la aplicación.
En general, con la primera dosis se logra protección en el 95% de los vacunados 5 a 10 días después de la administración de la vacuna. Las dosis posteriores tienen como objetivo elevar la protección al 100% y prolongar su duración por casi más de 20 años. Pueden administrarse con otras vacunas sin inconvenientes.
Además de la vacunación, las medidas higiénicas, como el lavado de las manos después de ir al baño y antes de comer o preparar alimentos, son muy importantes.
¿Es necesario realizar estudios en sangre antes de iniciar la vacunación?
Con frecuencia, los padres nos preguntan si es necesario estudiar al chico para saber si tuvo la hepatitis A antes de vacunarlo. En los niños menores de 5 años la respuesta es NO. Sin embargo, en los niños mayores, debido a la posibilidad de haberla padecido sin síntomas durante los primeros años de vida, el estudio permitirá decidir si es necesario vacunarlos o no. De todos modos, es útil recordar que la vacunación de una persona que ya contrajo la infección con anterioridad no trae aparejado problema alguno.
¿A partir de que edad sería conveniente aplicar esta vacuna?
Como los recién nacidos adquieren inmunidad de su madre a través de los anticuerpos que atraviesan la placenta, se prefiere esperar un año antes de iniciar la vacunación de los niños. Es conveniente hacerlo antes del ingreso a la guardería.
Si bien aún no se ha establecido como recomendación la vacunación contra la hepatitis A para todos los niños en edad escolar, existen razones para considerar su administración. Ante la duda, consultar al médico puede ser de utilidad.
¿Qué se debe hacer en el colegio ante un caso de hepatitis A?
Es conveniente reforzar las medidas básicas de higiene como el adecuado lavado de manos después de ir al baño y antes de consumir alimentos. Debe asegurarse la correcta higiene de los baños y desinfectarlos con agua y lavandina. También es necesario asegurar la higiene en los comedores estudiantiles y la limpieza adecuada de la cocina.
¿Qué se debe hacer en la casa ante un caso de hepatitis A?