La infección de citomegalovirus (CMV) es una infección viral común que por lo general no produce síntomas en los niños y adultos infectados. El CMV pertenece a la familia del virus del herpes y es más común en los niños pequeños. Antes de cumplir los 30 años, cerca de la mitad de toda la población adulta de los EE.UU. ya ha sido infectada.
Los niños pequeños con CMV pueden transmitirlo a otros miembros susceptibles de la familia y a las personas a cargo de su cuidado. Cuando una mujer embarazada se infecta con el virus, puede transmitirlo al feto. En una minoría de los casos, la infección provoca enfermedades graves, discapacidades permanentes e incluso la muerte del recién nacido.
¿Cómo se transmite el CMV?
El CMV puede transmitirse de una persona a otra a través del contacto con fluidos corporales infectados, como la saliva, la orina, la sangre y las mucosidades. También puede transmitirse sexualmente o a través de productos sanguíneos infectados. En ocasiones, los adultos infectados desarrollan una enfermedad similar a la mononucleosis, que puede incluir síntomas como dolor de garganta, fiebre, dolores en el cuerpo y cansancio. En personas con SIDA y con otros trastornos del sistema inmunológico y en personas trasplantadas, el CMV puede provocar enfermedades graves como la neumonía e infecciones oculares que pueden causar la pérdida de la vista.
La mujer puede transmitir el CMV a su bebé antes del nacimiento, durante el parto o al amamantarlo. No obstante, es poco común que los bebés contagiados con CMV durante el parto o la lactancia sufran problemas graves relacionados con el virus.
¿Cómo se diagnostica el CMV?
En los adultos, el CMV suele diagnosticarse mediante análisis de sangre. Si una mujer embarazada desarrolla síntomas que su médico sospecha puedan ser provocados por CMV, éste le recomendará realizarse dos o más análisis sanguíneos para detectar un posible aumento en la concentración de los anticuerpos que combaten el CMV y que el organismo produce al poco tiempo de contraída la infección. Si la concentración de anticuerpos se ha multiplicado por cuatro, el médico concluye que la mujer tiene una infección de CMV.
En los neonatos, los médicos diagnostican el CMV buscando el virus propiamente dicho en los fluidos corporales dentro de las tres semanas posteriores al nacimiento.
¿Con qué frecuencia se producen las infecciones de CMV en los recién nacidos?
El CMV es la infección congénita (presente desde el nacimiento) más común en los EE.UU. Cada año cerca del uno por ciento de todos los recién nacidos, o 40.000 bebés, contrae la infección. Afortunadamente, la mayoría de estos bebés no sufre efectos adversos a causa del virus. No obstante, cerca de 8.000 bebés al año desarrollan discapacidades permanentes a causa de la infección congénita de CMV.
¿Qué mujeres tienen el mayor riesgo de transmitir el CMV a sus bebés?
Las mujeres que contraen la infección de CMV por primera vez durante el embarazo tienen un riesgo del 30 al 40 por ciento de transmitirlo al feto. Los resultados de un estudio realizado recientemente sugieren que las mujeres infectadas por primera vez en el tercer trimestre tienen más probabilidades de transmitir la infección a su bebé que las mujeres infectadas en una etapa anterior del embarazo. En este estudio, el 78 por ciento de los bebés de mujeres infectadas con CMV en el tercer trimestre contrajo la infección, comparado con un 44 por ciento en el segundo trimestre y un 36 por ciento en el primer trimestre. No obstante, los resultados sugieren que los bebés tienen más probabilidades de verse gravemente afectados cuando su madre contrae la infección durante las 20 primeras semanas del embarazo.
Al igual que otros virus de la familia del herpes, el CMV permanece en el organismo después de desaparecer los primeros síntomas. Algunas veces la enfermedad se reactiva. No obstante, menos del uno por ciento de los fetos se infecta a raíz de una infección recurrente en la madre. Además, cuando ello ocurre, los bebés rara vez desarrollan complicaciones graves relacionadas con el CMV.
¿De qué manera afecta al bebé la infección congénita de CMV?
Cerca del 90 por ciento de los bebés infectados con CMV no presenta síntomas al nacer. No obstante, hasta un 15 por ciento de ellos desarrolla una o más anomalías neurológicas—como retraso mental, problemas de aprendizaje, o pérdida auditiva o de la vista—por lo general durante los primeros uno o dos años de vida. La infección congénita de CMV es una de las causas principales de la pérdida auditiva en los niños.
Cerca de uno de cada 1.000 bebés (aproximadamente 4.000 por año) manifiesta síntomas de CMV al nacer. Estos síntomas pueden incluir un bazo o hígado más grandes de lo normal, ictericia (color amarillento en la piel y en los ojos) y una erupción cutánea característica de la infección. Hasta un 20 por ciento de estos bebés muere y cerca del 90 por ciento de los que sobreviven sufre defectos neurológicos graves, como el retraso mental.
Actualmente, no existe ningún tratamiento que permita detener ni revertir los efectos del CMV congénito. No obstante, los médicos están investigando una nueva droga antiviral llamada ganciclovir—utilizada para tratar adultos con SIDA que tienen infecciones oculares relacionadas con el CMV—para saber si también puede ser eficaz en los bebés que padecen CMV congénito.
¿Puede diagnosticarse el CMV antes de que nazca el bebé?
Si a una mujer embarazada se le diagnostica CMV, puede detectarse la infección en el feto mediante una amniocentesis. En la amniocentesis, el médico introduce una aguja delgada en el abdomen de la mujer embarazada para extraer una pequeña cantidad de líquido amniótico en el que pueda detectarse el virus. Esta prueba tiene una precisión de más del 80 por ciento para determinar si el feto está infectado o no con CMV. No obstante, no puede determinar la presencia de síntomas graves de la enfermedad. Por esta razón, también se recomienda realizar un ultrasonido para buscar anomalías cerebrales y otros síntomas que indiquen que un feto pueda estar gravemente infectado.
¿Cómo puede una mujer embarazada prevenir la infección de CMV?
Las mujeres que tienen hijos pequeños o las que trabajan con grupos de niños (por ejemplo en guarderías) pueden reducir su riesgo de CMV practicando una higiene meticulosa. Deben lavarse las manos a fondo después de cualquier contacto con la saliva y orina de los niños y desechar cuidadosamente pañales, pañuelos desechables y otros artículos que puedan estar contaminados. Deben evitar compartir vasos y utensilios con los niños ya que, en algunos de estos centros, hasta un 70 por ciento de los niños entre 1 y 3 años pueden excretar el virus.
Las mujeres embarazadas que son profesionales de la salud y puedan estar en contacto con pacientes infectados, incluidos los bebés recién nacidos, también deben practicar una buena higiene y tomar las precauciones universales recomendadas en las instituciones de atención médica para manipular materiales que puedan estar contaminados. Las mujeres que trabajen en el ámbito médico o en guarderías también deben considerar realizarse un análisis antes del embarazo para comprobar si han tenido el virus de CMV anteriormente. No se recomienda un diagnóstico de rutina para mujeres de bajo riesgo. Si ya ha tenido el CMV, no tiene por qué preocuparse durante el embarazo.
Referencias
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