Por Dra. Mariela Marincovich
“La realidad no esta sujeta a juicios de valor, sólo es posible su comprensión para poder adaptarse a ella”. P. Belohlavek
Nuestra clínica viene desarrollando una serie de transformaciones más que importantes en los últimos años, en materia asistencial. Fue así, como en el 2006 se logró la primera acreditación en calidad y reacreditó este año. Este fue el resultado de un trabajo mancomunado, donde pudimos mostrar procesos y resultados de años de gestión. Pero la pregunta que debemos hacernos es: ¿es esto suficiente? Seguramente que no. Al asumir la decisión y responsabilidad de lograr altos niveles de calidad de atención emprendimos un largo camino en búsqueda de la excelencia, es así como se instala la concepción de seguridad del paciente que ejerce fuerza gravitacional en la garantía de la calidad de salud.
El error en medicina y la seguridad del paciente son dos caras de una misma moneda. Pero ¿A qué nos referimos cuando hablamos de un error en medicina? Un error en medicina, también denominado error medico, es aquella equivocación no intencionada en la correcta administración de cuidados médicos, independientemente de quién sea responsable de la misma. Es valido decir que cuando hablamos de error en medicina, no nos referimos exclusivamente de aquellos generados en la practica asistencial de los médicos, sino que abarca a todos los actores que intervienen en la prestación e salud, médicos, enfermería, técnicos, administrativos, mucamas y directivos. Por otro lado, se define efecto adverso como una lesión causada por el manejo médico y no por la situación de base del paciente.
Cuando el efecto adverso es consecuencia de un error se denomina “efecto adverso evitable”. Este debe ser diferenciado del error por negligencia o mal praxis. El modelo médico clásico y la imagen que los pacientes y la sociedad tienen de los prestadores en los Sistemas de Salud, consideran que éstos no pueden ni deben cometer errores. Sin embargo, ningún acto humano está libre de cometerlos (errare humanum est). Una de las causas más importantes para que los médicos y el resto de los profesionales sanitarios no declaremos nuestros errores y, además, no contribuyamos activamente a la organización de un sistema de prevención de riesgos es la cultura imperante de “Crimen y castigo”.
Por otro lado, la seguridad del paciente está directamente relacionada con la prevención y corrección de las consecuencias de los errores que ocurren y que se originan en el propio proceso de atención de las personas. Pero es éste punto en donde se produce el quiebre ¿Cómo vamos a prevenir si desconocemos la aparición de efectos adversos, donde y como se originan, y cuales son los procesos que contribuyen a su aparición? La respuesta a este dilema es trabajar duro en la cultura de la seguridad.
En el cambio de paradigma, surge como primera instancia dar a conocer estos conceptos y en abrir líneas de investigación para analizar y caracterizar la cultura del error de nuestra institución y el clima de seguridad, identificando situaciones de riesgo de eventos adversos y sus consecuencias clínicas. (Diagnostico de situación).
En segundo lugar, se deberá reformular el análisis del error humano pasando de un modelo centrado en la persona a un modelo centrado en el sistema. Es así que en el modelo centrado en la persona, filosofía predominante, se traslada la responsabilidad institucional al individuo, favoreciendo el ocultamiento, en cambio cuando de centra en el sistema se conciben a los errores como consecuencias y las causas deben ser buscadas en el sistema y corregirlas. Por lo tanto cuando ocurre un evento adverso lo importante no es quien se equivoco, sino como y porque las barreras de defensa fallaron. El siguiente paso será abrir canales de comunicación formal para la promoción del reporte anónimo de incidentes, errores de atención y eventos adversos con dos objetivos claros: el aprendizaje y el fortalecimiento de la cultura no punitiva. Y por último seleccionar y diseñar intervenciones multidisciplinarias para la mejora de los procesos críticos de la atención que contribuyan a incrementar los niveles de seguridad.
Somos concientes que no es de esperar resultados significativos en los próximos 5 años. Salvo que ocurra una crisis importante, no es esperable una gran o rápida transformación. Ante la personal visión de nuestra realidad, la que se propone es una actitud proactiva, participativa desde el primero al ultimo y duplicar la apuesta: si queremos gozar de la confianza de nuestros pacientes y queremos decir que clínica Pueyrredón, además de ser una institución acreditada en calidad es una clínica segura, debemos aportar a esta causa y debemos tener bien en claro que nunca se antepondrá al derecho de nuestros pacientes, ningún interés personal o corporativo que genere siquiera la mínima duda de nuestra integridad ética y moral.